Saber lo correcto y lo incorrecto tiene dos componentes: dirección y magnitud. Es un vector filosófico. Pensar es como golpear una pelota con un palo de golf. La bola se mueve en una dirección particular y se mueve sobre una distancia finita, siendo la magnitud de la distancia proporcional a la fuerza aplicada. Esta distancia finita es la opinión finita, la opinión subjetiva.
Es usual que el corazón sienta bien la “dirección correcta de pensamiento”. Pero el corazón está ciego en la medida en que no puede dar una “dimensión verbal” al pensamiento, por lo que es una opinión. La dimensión verbal es el producto de consideraciones ‘utilitarias’, es decir, las conexiones de la realidad y la mente hace ese trabajo al recopilar información contextual y relevante del entorno. Mientras se hace esto, la mente a menudo sufre obsesiones e infusiones que insinúan distracciones que se desvían del deseo del corazón, a pesar de repetidos o más bien, continuos recordatorios (corazón).
Así, una opinión subjetiva tiene un componente del corazón que es único para todos. Puede tenerse siempre en cuenta que se trata solo de la dirección benedictoria del pensamiento, no de la magnitud de la opinión. La mente proporciona magnitud a una opinión a través de la delineación verbal y utilitaria que es vulnerable a la desviación. Este es el componente intelectual ‘vulnerable’ de la opinión.
El sujeto debe ser consciente de esta posibilidad de estar afligido por un error intelectual inherente y debe tomar una medida correctiva al referirse al medidor del corazón (sentimiento del corazón) de otros sujetos que lo rodean.
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